Desde los comienzos de la modernidad, el imparable avance de las ciencias ha ampliado de forma espectacular el ámbito de nuestros saberes. Hemos logrado atesorar una cantidad asombrosa de conocimientos, y los descubrimientos científicos siguen ampliándolos sin cesar. Si la investigación continúa indefinidamente a este ritmo, ¿será posible algún día conocerlo todo? ¿O existe algún límite para lo que podemos saber?
A pesar de que las ciencias han logrado éxitos extraordinarios, parece improbable que puedan llegar alguna vez a ofrecernos un medio para saberlo todo. Por mucho que investiguemos, hay razones para pensar que existe un límite a lo que los seres humanos podemos conocer.
Conviene recordar que una buena parte de nuestros conocimientos se basan en lo que captamos a través de los sentidos. Sin embargo, nuestros sentidos son muy limitados e imperfectos. El ojo humano, por ejemplo, solo puede captar una parte muy pequeña de la radiación electromagnética. La luz visible, que es lo que somos capaces de ver, constituye tan solo una mínima franja del espectro. Hoy sabemos que, además de la luz, también hay ondas de radio o radiación gamma, las conocemos porque hemos construido aparatos que pueden detectarlas. En cierto modo, estos instrumentos pueden considerarse como una ampliación de nuestros sentidos. Sin embargo, no es posible diseñar aparatos perfectos, porque todos los instrumentos tienen sus limitaciones.
Esto quiere decir que ninguna medida que hagamos puede ser completamente perfecta. Y eso tiene implicaciones importantes, porque hay situaciones en las que una minúscula diferencia en las condiciones de partida puede provocar grandes cambios en la situación final. Esto es lo que sucede, por ejemplo, cuando tratamos de predecir el tiempo que hará dentro de una semana. Aunque hoy en día disponemos de muy buenos modelos matemáticos para los fenómenos meteorológicos, las ecuaciones que los describen son muy sensibles a las condiciones iniciales. Como no es posible medir con total exactitud las variables de partida, el resultado final de nuestros cálculos no es del todo seguro. Por eso no podemos conocer con total exactitud cuál es el tiempo que hará dentro de un mes, y no parece probable que esta limitación pueda superarse de una manera sencilla.
Además, no sabemos si existen aspectos de la realidad que no hayamos sabido detectar todavía. Como lo que sabemos acerca de la realidad está en buena medida fundamentado en nuestra percepción sensorial, quizá estemos perdiéndonos alguna información muy importante porque carecemos de los sentidos necesarios para detectarla.
Pero ni siquiera podríamos saberlo todo aunque dispusiéramos de unos sentidos o de unos aparatos perfectos. También hay límites a los que podemos saber que proceden de la propia naturaleza de la realidad. Por ejemplo, la física cuántica nos ha enseñado que resulta imposible conocer con total exactitud y al mismo tiempo cuál es la posición y velocidad de una partícula subatómica como el electrón. Por mucho que perfeccionemos nuestros aparatos o que refinemos nuestros experimentos, las ecuaciones de la mecánica cuántica nos indican que nunca podremos saberlo todo acerca del electrón. Esta limitación a lo que podemos conocer no parece que vaya a poder superarse nunca, porque está asociada al modo en que se comporta a nivel cuántico la naturaleza.
Las limitaciones que están asociadas a nuestros sentidos y a la realidad física parecen difíciles de superar. Así que quizá podríamos centrar nuestra atención en las matemáticas, donde lo que importa son los razonamientos y no la experiencia empírica. ¿Será posible alguna vez llegar a saberlo todo en el campo de las matemáticas?
Por extraño que pueda parecer, resulta que también hay límites a lo que podemos conocer en el mundo de las matemáticas. A comienzos del siglo XX, el lógico y matemático K. Gödel sacudió los cimientos de esta disciplina cuando dio a conocer los dos teoremas que llevan su nombre, y que demuestran fuera de toda duda que incluso en matemáticas hay cosas que nunca podremos saber.
¿Y qué sucede más allá del ámbito de las ciencias? La filosofía, por ejemplo, tiene que ver con las grandes preguntas que los seres humanos se han planteado a lo largo del tiempo. ¿Será posible en este campo alguna vez conocerlo todo y alcanzar las respuestas para todos nuestros interrogantes?
Kant trató de responder a esta cuestión en su obra Crítica de la razón pura. Según el, existe en todos los seres humanos una tendencia natural a hacerse grandes preguntas acerca del mundo, del alma humana y de Dios. Nos gustaría saber, por ejemplo, si el alma humana es inmortal o si podemos estar seguros de que Dios existe. Estas son, según Kant, las grandes preguntas de la metafísica, que nos resulta inevitable plantear. Sin embargo, Kant creía que no es posible dar una respuesta satisfactoria a estos interrogantes, porque existen límites para lo que la razón humana puede conocer.
Para Kant, este límite está marcado por la experiencia. Aquello de lo que no tenemos experiencia está más allá de lo que podemos conocer, y por eso nunca podremos saber con total certeza la respuesta a nuestras grandes preguntas sobre el mundo, el alma y Dios. Esto significa que, según Kant, los seres humanos somos unas criaturas muy singulares, porque no podemos evitar plantearnos algunas grandes preguntas que, sin embargo, están más allá de lo que podemos conocer.
(C. Prestel Alfonso. Filosofía Bachillerato. Editorial Vicens Vives. Barcelona. 2022)