Sabemos que el ser humano es una realidad compleja en la que coexisten elementos biológicos, psicológicos, culturales y personales. Las ciencias biológicas, la psicología, la antropología o la sociología han explorado lo que somos.

Pero, aunque conozcamos toda esa información, todavía quedan interrogantes acerca de lo humano que la investigación científica no es capaz de responder como: ¿nos espera algo después de la muerte? ¿Tenemos un alma inmortal? ¿Somos solo cuerpo que desaparecerá al morirnos? ¿Somos realmente libres?

Estas preguntas no pueden ser contestadas científicamente, porque no es posible contrastarlas de manera empírica. A pesar de ello, se trata de cuestiones fundamentales para todos los seres humanos. Las respuestas a estas cuestiones, por ahora, las encontramos en la filosofía, en concreto, en la antropología filosófica que es la rama de la filosofía que se pregunta por el ser humano.

Uno de los temas más importantes de los que se ocupa la antropología filosófica consiste n determinar lo que caracteriza específicamente a los seres humanos. ¿Qué nos diferencia de los otros animales? ¿Existe una esencia específica?

Para aclarar la singularidad de lo humano, los filósofos han propuesto teorías muy diversas a lo largo del tiempo.

Para la filosofía griega, la característica determinante de los seres humanos es la racionalidad, que está asociada a la capacidad de usar el lenguaje. Además, para el pensamiento griego el uso de la razón es inseparable de la vida moral y social.

El cristianismo considera que lo que distingue a los seres humanos es el alma inmortal creada por Dios.  Los seres humanos son criaturas especiales, ya que han sido hechas a imagen y semejanza de Dios. Por eso existe en nosotros un elemento trascendente que va más allá de lo material y que es el fundamento de nuestra dimensión personal y de nuestra dignidad.

Según el existencialismo la libertad es la dimensión esencialmente humana que nos distingue del resto de los seres. Las piedras, los árboles o los pájaros se definen por una serie de rasgos fijos que los caracterizan. Pero las personas no tenemos estos rasgos fijos porque podemos usar la libertad para construir nuestro propio ser. Los seres humanos somos aquello en lo que nos convertimos usando nuestra libertad.

Para la filosofía de Marx, el rasgo distintivo de lo humano es el trabajo. Aunque los animales también realizan tareas, ninguno de ellos es capaz de imaginar el futuro de su esfuerzo. Solo los seres humanos somos capaces de usar la razón imaginativamente para transformare l mundo que nos rodea de manera creativa. Esa posibilidad es lo que nos diferencia de los animales y lo que nos hacer verdaderamente humanos.

Para los vitalistas, como Nietzsche y Ortega y Gasset, la conciencia de nuestra vida individual es lo que nos hace humanos. Ningún otro animal es capaz de apreciar que la vida es el punto de partida desde el cual cobra sentido todo lo que hacemos y pensamos.

También existen pensadores que destacan la importancia en los seres humanos de una dimensión inconsciente, de la que no nos percatamos, pero que dirige secretamente nuestra conducta. De acuerdo con la teoría de Freud, gran parte de lo que hacemos o decimos procede de impulsos ocultos que orientan nuestra vida sin que nos demos cuenta de ello.

Esta sorprendente variedad de teorías distintas no agota las explicaciones que los filósofos han ofrecido acerca de la singularidad humana. Parece que somos los únicos animales capaces de crear obras de arte, de hacer música y de danzar al ritmo de una melodía.

Por último, la neurociencia ha demostrado que los humanos somos diferentes a otros animales. Tenemos lenguaje, sistemas de memoria avanzada, imaginación, habilidades creativas, inteligencia, conciencia o la habilidad de evaluar acciones futuras y cultura.

(C. Prestel Alfonso. Filosofía Bachillerato. Editorial Vicens Vives. Barcelona. 2022)