Algunas personas, al acercarse por primera vez a un texto filosófico importante, pueden tener la impresión de que la filosofía se ocupa de cuestiones muy extrañas que resultan difíciles de entender y que parecen muy alejadas de nuestras preocupaciones cotidianas. Además, muchos libros de filosofía están escritos en un lenguaje técnico que solo unos pocos especialistas comprenden. Por eso hay quienes creen que la filosofía es un área de estudio especializada que solo tiene verdadero interés para los que se dedican profesionalmente a ella.
Pero si eso fuese cierto, no tendría mucho sentido incluir la filosofía en los planes de estudio. Así que no está de más preguntarse quiénes pueden convertirse en filósofos y filósofas. ¿No haría falta haber estudiado filosofía en la universidad para poder filosofar? ¿De verdad es la filosofía algo que está al alcance de todo el mundo?
Para aclarar esta cuestión conviene recordar que entre los mayores pensadores de la historia hubo varios que no fueron profesores universitarios, ni tampoco escritores que estuvieran encerrados en un mundo de libros.
Sócrates, por ejemplo, no escribió nada, porque pensaba que la mejor manera de hacer filosofía era mediante el diálogo.
Tampoco escribió nada Siddharta Gautama, el Buda, que sin embargo fundó una escuela de pensamiento enormemente influyente con una intención claramente práctica. El budismo es una filosofía de vida que aspira a llegar a todas las personas para mostrarles un camino de sabiduría que les ayude a liberarse del sufrimiento.
Volviendo a la antigua Grecia, podemos mencionar también las reflexiones de Epicuro, quien nos recuerda que la filosofía no vale para nada si no sirve para ayudarnos a vivir mejor. También para los pensadores estoicos, como Epicteto, Séneca o Marco Aurelio, la función principal de la filosofía era la de servirnos como guía para orientar nuestra vida.
Como vemos, desde los inicios del pensamiento racional la filosofía siempre ha tenido un interés práctico y universal porque pretendía estar al servicio de todos y todas y no solo de los más sabios o instruidos.
Sin embargo, con el tiempo, la filosofía se fue alejando de este interés por la vida cotidiana y las preocupaciones de la gente ordinaria.
Al convertirse en una disciplina del ámbito universitario, la filosofía se profesionalizó, desarrollando un lenguaje técnico y especializado que resulta difícil de comprender para quienes no han cursado estudios superiores. Desde entonces, las grandes figuras del pensamiento han sido, por lo general, profesores universitarios que han dado a conocer sus ideas publicando libros y artículos especializados. Esto ha desplazado el debate filosófico hacia el plano teórico y lo ha limitado al espacio académico, por lo que se ha alejado de la calle, que era donde Sócrates dialogaba en busca de la verdad. Por eso muchas personas tienen la impresión de que la filosofía es una materia abstracta y difícil que tiene poco que ofrecer a la ciudadanía de a pie.
Sin embargo, quienes entienden las cosas de este modo tienen una visión muy parcial e incompleta de lo que es la filosofía.
No debemos olvidar que la filosofía puede entenderse en dos sentidos distintos, ya que no solo es una disciplina académica, sino que también es una actividad de indagación racional.
Si únicamente prestamos atención a la dimensión académica de la filosofía podemos tener la impresión de que sus discusiones resultan solo accesibles a quienes están familiarizados con el pensamiento de los grandes autores del pasado. Es verdad que la filosofía académica, como todos los campos del saber, requiere dominar un lenguaje, unos conocimientos previos y unas técnicas de trabajo, que es lo que un filósofo profesional aprende en la universidad.
Sin embargo, eso no debe hacernos olvidar la dimensión práctica y aplicada de la indagación filosófica. Entendida como un intento de aclarar las grandes cuestiones que todos nos planteamos, la filosofía es algo que está al alcance de todos y todas. Por eso podríamos decir sin miedo a equivocarnos que todos somos filósofos y filósofas, porque todos necesitamos respuestas para nuestras preguntas. Lo que sucede es que, a menudo, esas respuestas no las hemos hallado por nosotros mismos, sino que las hemos encontrado a lo largo del tiempo y las hemos aceptado sin pararnos a pensar sobre ellas. La actividad filosófica nos invita, precisamente, a cuestionar esas creencias que hemos dado por válidas pero que no nos hemos detenido a cuestionar.
La filosofía consiste en explorar racionalmente lo que pensamos, para que seamos capaces de encontrar nuestras propias respuestas en lugar de aceptar simplemente las ideas de los demás, Es, por tanto, un camino para la búsqueda de la verdad y para la conquista de la autonomía.
Entendida de este modo, la filosofía no solo está al alcance de todo el mundo, sino que además parece algo imprescindible si, en vez de repetir lo que otros nos han dicho, queremos ser un poco más libres reflexionando sobre nuestra propia manera de pensar.
A esto es a lo que se refería el filósofo alemán I. Kant cuando nos invitaba a utilizar la razón para hacernos dueños de nuestras propias vidas. Según Kant, quienes piensan y hacen tan solo lo que otros les indican actúan como si fuesen menores de edad. Si queremos abandonar esa minoría de edad tenemos que atrevernos a pensar por nosotros mismos.
(C. Prestel Alfonso. Filosofía Bachillerato. Editorial Vicens Vives. Barcelona. 2022)